Me muero por tocarte
Doy la vida por verter la dulzura de mis labios en tu
cuerpo,
Pero eres infranqueable
Cuando más me acerco a ti, más lejano te encuentro.
Amor
Amor ajeno
Me aterra saber
que no puedo poseerte
Que no puedo mojar tus labios con mi lengua
Que no puedo tomar posesión de tus gemelos de fuego
Ni que pueda desbordar mis ríos en tu vientre.
Dónde
Dónde ocultas el fuego de tu cuerpo
Dónde has escondido la sonrisa de tu piel
Dónde
Dónde amada mía has confinado a tu pasión.
Estoy hecho líos
Desesperado y confundido por el verano ardiente de mis
labios
Que me calcinan en su locura impenitente y por
El deseo lujurioso que como dardos me galopan para
adentro.
La tierna obsesión que produjiste en este varón de blasfemias y de versos
Se quiere hacer pecado grave y me presiona doblemente
Para que cometa diabluras y herejías bajo el cielo.
Sabes bien cuanto te amo y cuanto te deseo
Sin embargo, gozas evitándome y escondiendo la verdad de
tus deseos.
Ten piedad de mí
No existe otro ser que pueda amarte más que yo, aquí en
la tierra
No existe nadie
como yo que pueda hacer que en otoño exista primavera.
Deja que te entregue mi alma y mi corazón de fuego
Déjame sembrarte el más hermoso recuerdo de mis besos
Deja al menos que te cubra con las ansias de mis huesos.
Tampoco hagamos caso a las hipócritas sonrisas
Ni a los
comentarios que en los corrillos vomitan
las santonas del pueblo.
Seamos insurrectos
Indecentes
Incendiemos la pradera azul de nuestro cielo.
Pongámosle piel a la utopía
Despellejemos violentamente a a la cordura y a la
prudencia
Liberemos al tabú de sus blasfemias.
Déjame
Déjame verter mi dulzura en celo y mi pasión de fuego
Déjame hacerlo,
solo un instante para que entiendas lo que es amar
Con la más tierna lujuria de un amor sincero.
Y
Pequemos
Tierna e intensamente;
Vivamos este siglo en diez minutos, hasta quedarnos sin
aliento.
Juan José Romero López
